Arequipa. Homenaje a Víctor Andrés Belaunde


El pasado miércoles 14 de diciembre de 2016, en Arequipa (Perú), con los auspicios de la Sociedad Peruana de Historia y el Consejo de Estudios Hispánicos Felipe II, se realizó un homenaje al pensador católico y diplomático peruano Víctor Andrés Belaunde Díez Canseco (1883-1966) en la Biblioteca del Gobierno Regional de Arequipa, al conmemorarse los 50 años de su fallecimiento. Esta actividad contó con el apoyo de la Centenaria Hermandad de Caballeros del Santo Sepulcro, la más antigua asociación piadosa de Arequipa, heredera de la Archicofradía de la Vera Cruz —cuyos orígenes se remontan a la fundación de la ciudad a mediados del siglo XVI—, de la que Belaunde fue miembro distinguido.

Arequipa 14 de diciembre de 2016

El homenaje consistió en dos conferencias. La primera, a cargo del profesor universitario y director de estudios del Seminario Arquidiocesano de San Jerónimo de Arequipa César Félix Sánchez Martínez, se tituló Belaunde y la vocación del Perú. Allí se resaltó su noción de peruanidad, que en sus propias palabras consistía en lo siguiente: «La peruanidad es, para nosotros, una síntesis viviente de la cultura hispano-católica y de los elementos telúricos y biológicos que existían en este pedazo de Nuevo Mundo que habitamos. La peruanidad no es yuxtaposición sino síntesis verdadera; y agregamos: viviente, para expresar que, en continuidad palpitante, fue, es y seguirá siendo». En esta síntesis, según Belaunde, el sentido cristiano de la vida fue el factor aglutinante, la raíz de la asunción de aquella síntesis creadora. Se resaltó, asimismo, contra lo que sostienen críticos desinformados como Vargas Llosa y otros, la valoración que hace Belaunde de lo andino prehispánico, y que no se agota como un elemento cuasi paisajístico o meramente biológico, sino que se también se expresa en lo que denomina un «precioso legado de unidad política, de misión civilizadora, de justicia económica y de dignidad imperial». Esta dignidad imperial fructificó durante el Virreinato y se expresó, incluso en la república, con un sentido de primogenitura espiritual entre los pueblos de Hispanoamérica que caracterizaría la política internacional del Perú. También se mencionaron los claroscuros de un pensamiento que no pudo romper con cierto elemento positivista y nacionalista, en contradicción implícita con muchos aciertos de su fenomenología peruanista, y con un espíritu acrítico respecto a la democracia liberal y a la tradición republicana, especialmente a la independencia; así como una deriva, en sus últimos años de vida —y más romántica que pensada seriamente— hacia algunas figuras y eslóganes del aggiornamento.

La segunda conferencia, titulada Belaunde, hombre litúrgico, a cargo del profesor universitario y abogado Juan Carlos Nalvarte Lozada, se ocupó, a partir del ensayo Nostalgia y Liturgia y de otros textos filosóficos y de memorias, de las ideas belaundianas respecto a la liturgia tradicional de la Iglesia, como remedio al romanticismo y a la nostalgia del paso del tiempo, al ser una primicia de lo eterno, que aquieta el corazón humano. Las antiquísimas ceremonias de la Misa católica, según Belaunde, reflejaban tanto la rica herencia de la Iglesia como saciaban los anhelos humanos. Especialmente conmovedor fue el elogio del latín y de las orationes ad pedem altaris por parte de Belaunde, que el profesor Nalvarte supo contrastar con la dolorosa realidad de la desolación litúrgica posconciliar, especialmente en el medio local. Siguieron interesantes reflexiones sobre el santuario católico y su profundo simbolismo y sobre la infecundidad de los Cristos subjetivos del progresismo teológico que, según Belaunde, acabarían destruyendo incluso el sentido comunitario u orgánico de lo religioso.

Tras una ronda de comentarios a cargo del público, el homenaje al pensador arequipeño concluyó con una llamada a retomar el camino de quizá uno de los pocos pensadores del Perú vindicados por el paso del tiempo, a diferencia de tantos profetas fallidos de la izquierda y del indigenismo. Recordar la vocación católica del Perú, siguiendo el ejemplo de Belaunde, es una buena forma de prevenir la esterilidad violenta del mito político, que tantos males ha causado al Perú.

El acto contó con la asistencia del cónsul de Gran Bretaña en Arequipa, Francis Rainsford; del exsenador Javier Díaz Orihuela, y de diversos miembros de la Centenaria Hermandad del Santo Sepulcro, entre otros.

 

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