I Jornada de Estudios Hispánicos de Santa María

Chosica 23 de julio de 2016
Chosica (Lima, Perú), 23 julio 2016, San Apolinar, obispo y mártir; San Liborio, obispo y confesor; vigilia de Santiago Apóstol, anticipada. [FARO, Corresponsal]. Entre las 10:30 y las 13:30 horas se llevó a cabo la Primera Jornada de Estudios Hispánicos de Santa María, en el auditorio de la Capilla de Cristo Rey, en la zona pastoral de Santa María, en Chosica, organizadas por el Círculo Blas de Ostolaza —el círculo carlista del Perú— y la Sociedad Misionera de Cristo Rey, con la participación del Consejo de Estudios Hispánicos Felipe II.

Con más de 40 participantes y luego de una oración inicial, se dio inicio a la ponencia central a cargo del doctor Miguel Ayuso Torres, titulada Cristiandad, Hispanidad y política. El plan de la ponencia, como explicó preliminarmente el Profesor Ayuso, consistía en contemplar la Cristiandad a través de la Hispanidad y, a partir de ahí, presentar la doctrina política católica tradicional. Después de aclarar la etimología y origen del término «hispanidad» y de su desarrollo y profundización, debida en gran medida a Maeztu y García Morente, el ponente presentó el fondo profundo de la Hispanidad: la encarnación de la Fe católica a lo largo de la historia de la Monarquía hispánica, que no es más que el correlato histórico de una verdad teológica fundamental del catolicismo, desarrollada por Maeztu a partir de los aportes del célebre teólogo espiritual dominico Juan González Arintero: que todo hombre posee la gracia suficiente para la salvación. Las consecuencias de esta verdad católica se reflejarían en la constante preocupación moral de la Monarquía Católica respecto de la defensa de sus vasallos indianos. La Monarquía hispánica, en medio del proceso generalizado de ruptura de la Cristiandad —genialmente explicitado por Francisco Elías de Tejada a través de lo que él llamaba las cinco rupturas (Reforma protestante, maquiavelismo, bodinismo, hobbesianismo y la consumación de la ruptura jurídica y política en la Paz de Westfalia de 1648)— acabó convertida en una Christianitas minor, que defendía el orden católico y tradicional en un contexto cada vez más secularizante y naturalista. A partir de allí, el ponente pasó a la Cristiandad, centrándose en esa suerte de definición debida a San Bernardo, quien la consideraba como el conjunto jerárquico y orgánico de pueblos que giran en torno a dos astros: el Papado y el Imperio. Seguidamente —y para concluir la primera parte de las jornada— el Profesor Ayuso resumió de forma bastante sugerente las múltiples facetas de la agresión revolucionaria contra la sociedad tradicional y el orden cristiano, nucleada en torno al liberalismo, esa «puesta en plural del pecado original», según la frase genial de Jean Madiran.

La segunda parte consistió en un animado diálogo con los participantes. Ante las inquietudes, por parte de algunos participantes vinculados al mundo jurídico católico local, se concluyó observando ciertas insuficiencias en varias aproximaciones a la lucha contra el aborto provocado, que confunden el plano prudencial con el doctrinal y acaban olvidado una verdad fundamental: que lo gravemente inmoral no puede fundamentar un orden jurídico. Se alertó, también, sobre los riesgos que entrañan las idolatrías constitucionalistas, aun si revestidas de ropajes católicos, y se planteó la necesidad de reivindicar el juicio prudencial e incluso el concepto mismo de la virtud de la prudencia, olvidado muchas veces en un mundo que tiende a desconocer los matices y las sutilezas. También se habló de las raíces filosóficas de la ruptura de la Cristiandad y, específicamente, del nominalismo de Guillermo de Occam. Luego, ante varias cuestiones suscitadas por la necesidad del compromiso de los católicos en la cosa pública, se procedió al desmontaje de las tesis de la «Nueva Cristiandad» de Jacques Maritain, evocándose a grandes pensadores hispánicos como Julio Meinvielle y Leopoldo Eulogio Palacios, así como a la constatación del prestigio del que gozan hoy en día las doctrinas americanistas, condenadas ya por León XIII a fines del siglo XIX, aun en medios eclesiásticos muy elevados. Finalmente, y ante la pregunta de un joven participante, el ponente expuso los múltiples avatares históricos de la Comunión Tradicionalista que, bajo los mismos estandartes de siempre, se constituye en una reserva de los principios de la Cristiandad, la Hispanidad y la política cristiana.

La Jornada concluyó con un sonoro ¡Viva Cristo Rey! y una acción de gracias a Nuestra Señora. Luego los participantes procedieron a saludar al ponente y dialogar informalmente con él, agradeciéndole y comprometiéndolo para futuras.

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